miércoles, 5 de julio de 2017
A Godly Dream
miércoles, 15 de abril de 2015
Silence
martes, 6 de enero de 2015
The Cold Of Winter
Pero no sólo te pedía; no. También te buscaba. Te buscaba de bar en bar, de mano en mano, de beso en beso y de corazón en corazón, y a cada nuevo fracaso cada vez sentía que necesitaba correr más y más, que me quedaba sin tiempo. Nunca cerraba las opciones, y ya te puede imaginar el caminillo de corazones rotos que dejé a mi paso. Luego se transformó en una adicción, y yo lo disfracé de juego.
-...despertado?- terminó Dorian - No lo sé. Quizá se ha tropezado con alguno de sus juguetes.
lunes, 8 de diciembre de 2014
All about us
domingo, 12 de mayo de 2013
Green Night
Después de unas cuantas vueltas alrededor del Jörmungandr que mantenían la unidad de mi mente la sensación de circularidad hizo que me marease. Ciertamente el cuerpo me pedía esconderme tras la desgana, esa faceta de apatía facilona y rebelde que termina induciéndote a creer que los demás tienen la culpa de algo, pero mi mente necesitaba un combustible más adulto con el que arder a gusto; a fin de cuentas después de la apatía venían las mechas rojas, el flequillo y la guitarra eléctrica. El caso es que en esta ocasión el exceso de adolescencia me había llevado un pelín más allá de las fronteras de mis poderes. ¿Antecedentes? …alguno habrá, sí, pero ¿sirven de explicación?
Sí. La explicación es una de las ventajas del lenguaje humano: vivimos algo, le asignamos un símbolo, asociamos el símbolo a un concepto (los famosos universales) y de repente podemos relacionarlo con otros, pensarlo mejor y hasta compartirlo. La cosa parece sencilla, hasta ahí al menos. Por contra, verbalizar algo supone hacerlo inmediatamente más tangible, objetivo tal vez… de alguna forma más real. Y cuando los demonios dejan de poblar tu cabeza y pasan a ser intersubjetivos la alucinación colectiva atrapa, y el afecto se intensifica proporcionalmente al número de paranoicos. Supongo que el inconveniente de ésta conversación es que sólo podía tenerla conmigo mismo, lo que significa que necesitaba a Frank. Repetí tres veces la plegaria:
Loki, ayúdame a disolver el recuerdo en la fantasía…
* * *
La mirada se desdibujó con las ondas del estanque. Mientras la pálida luna reflejaba los dioses saben cuál de sus rostros (no recordaba la fase en la que se encontraba) la sonrisa se le congeló en los labios, cayéndose como las últimas hojas de un árbol que desfallece aventurando el Invierno. Notó cómo el pulso se le aceleraba levemente y comprendió que con cada nuevo latido aumentaba su adicción. Sutil en un principio, inocuo derroche del néctar de los romances bebió con avidez, olvidando que ese mismo romanticismo y las tragedias habrían de ir de la mano cual Eros y Tánatos envueltos en una danza de fuego. Licor refrescante que vuelve temerario al menos audaz de los cazadores, desliza sus ojos por el cuello de su presa donde una arteria rebosante de vida desespera por una boca que la bese, imitando al dedo índice acariciando el filo de una espada. La magia del espejo comienza a hacer su efecto, embravecida por el frenesí de Amor y Muerte danzando, mientras los enanos acumulan la leña que arde en deseos de prender. El espejo se rompe y al caer se transforma en el estanque en el que la mirada se desdibuja y la sonrisa se congela. El néctar mueve sus piernas y quiebra su voluntad de poder: la magia se desata. Uno detrás de otro y el mundo parece girar sin deseo de equilibrio (¿equilibrio? ¿qué equilibrio? un eco lejano repite la pregunta, quizá demasiado lejano como para haberla mantenido en la conciencia más de lo que estuvo): luces, sombras, ruidos y una ascensión, y al final un cristal que le muestran los últimos destellos de la tragedia. Verdes (pistacho, ¿podría ser?) como el color del último rayo del Sol antes de acostarse. Y ese mismo Sol le vería amanecer sin haber cerrado los ojos.
domingo, 3 de marzo de 2013
A Koala Song
domingo, 10 de febrero de 2013
De Aeternitas: Introducción
I
Levanté la vista ligeramente y observé cómo mis compañeros desangraban el cuerpo de aquella jovencita en la parte de atrás de la limusina. Me erguí y me limpié los labios con el puño de mi chaqueta, estrenada exclusivamente para la ocasión y ahora salpicada de la sangre que chorreaba por aquél cuerpo lleno de hematomas y mordeduras. Mi mirada se cruzó con el frenesí extático de uno de mis colegas y la excitación casi se me contagió. Casi.
La chica, por supuesto, no tenía la culpa. Era cualquier prostituta, de cualquier bar de cualquier barrio, en cualquier ciudad de nuestro bien entrado siglo XXI. La sofisticación, la inteligencia, y la moderación no eran atributos de estima en nuestros contemporáneos, así que, ¿por qué habríamos de apreciarlos nosotros? Pero lo hacíamos. O al menos yo lo hacía. Vale, quizá no era el mejor momento para meditar acerca de aquello, viendo cómo participaba de esta carnicería. Aún así, estaba plenamente justificada: era una cuestión de supervivencia, y además no solíamos matar seres humanos… aquélla noche sólo estábamos de celebración.
Los de mi especie éramos criaturas cautas, frías e inteligentes. Seres que perduraban cientos, y hasta miles, de años sobre un mundo que no sabe apreciar lo que tiene, porque es esclavo de sí. Cualquiera de los nuestros que rompía los tabúes del sistema esclavista de la “especie inteligente”, nuestro sustento, terminaba pagándolo con el cese de su propia longevidad. No. Nosotros no estábamos hechos para alardear, por la sencilla razón de que si el número de depredadores superaba el de depredados el sustento se volvía insuficiente y la propia Naturaleza armonizaba sus límites. Observábamos, en silencio, cómo criaturas orgullosas y efímeras repetían los mismos errores una, y otra, y otra vez bajo estandartes que, lejos de ser genuinos, reunían bajo sí de forma indistinta armaduras, arcos, espadas, arcabuces, fusiles, tanques y bombas nucleares, a modo genérico. A modo particular emulaban patrones: las cadenas invisibles son las más difíciles de romper, ya que requieren ojos capaces de ver lo invisible… y nosotros lo éramos.
Lo único que nos unía a esos seres miserables eran aquéllas preguntas que afectan a todas las criaturas capaces de pensamiento. Nosotros pensábamos, y dedicábamos décadas a hacerlo. ¿La ventaja? Cuando llevas siglos viendo cómo “ideas nuevas” prometen “nuevos mundos” y una felicidad que tiende al infinito comienzas a percibir una sutil diferencia. Quizá no en las primeras décadas, pero al cabo de los siglos, si has comprendido la mecánica de la Naturaleza y tus pensamientos disponen de un sustrato vivo en el que manifestarse, esa sutil diferencia se habrá hecho tan abismal que los mismos juegos no podrán engañarte, a menos que ésta sea tu voluntad. Y sí, he dicho “vivo”. Porque estamos muy vivos.
Las desgracias humanas no nos son ajenas, ya que el pensamiento es un arma de doble filo. Herramientas útiles como la capacidad de establecer relaciones lógicas y causales de más de un escalón, la imaginación o la creación de Arte, vienen acompañadas de las pasiones más desenfrenadas y los arrebatos más violentos y extáticos, tanto placenteros como dolorosos, eficazmente demostrado por el reflejo de la sangre en los ojos de mis compañeros. A fin de cuentas, ¿qué estúpida y efímera moral podría valernos a nosotros después de siglos de desgracias y engaños? El filo adverso de la espada de una mente superior, era una necesidad de control superior so pena de extinción total. No necesitábamos leyes, porque a pesar de que la muchedumbre nos considerase antinaturales, vivíamos según las normas de la Naturaleza, adaptando nuestra superioridad intelectual a los nichos del ecosistema, respetando el papel de toda criatura biológica. Y es por eso que no todos están preparados para llevar una existencia como la nuestra. La Selección Natural nos hace, a los longevos, la élite de la evolución.
miércoles, 23 de enero de 2013
Acerca de las Ideas y las Creencias
I
Prélude: Una palabra, una flecha
La capacidad de crítica ajena mediante la palabra escrita no ha sido nunca uno de mis dones. Quizá por la tendencia a hablar de mi mundo interior sólo he sido capaz de ver defectos ajenos cuya raíz es mi propia alma. Hay personas que tienen facilidad para devolver una respuesta y dar donde más duele, y hay momentos en que, realmente, me gustaría tener esa espontaneidad para herir al otro. Recuerdo una conversación con uno de los sacerdotes de mi colegio, cuando aún era un crío y el pensamiento crítico no formaba parte de mi repertorio de herramientas – ya que me era necesaria una sola perspectiva para vivir en una burbuja –. Me estaba regañando por haber iniciado una “pelea” en la que sólo había recibido yo. Mi ataque fue verbal. Me preguntó por mi acción, y me hizo deducir que el golpe “psíquico” que le di a mi compañero era mucho más doloroso que el puñetazo que había recibido en la cara. Me dijo que “sabía utilizar las palabras para herir” y que eso no era una demostración de poder, sino de cobardía. A lo mejor fue en ese momento cuando reprimí la voluntad de herir con las palabras. Ahora me apetece hacerlo, y para empezar la práctica, voy a hacerlo despacio, y con uno de los temas que más hieren la sensibilidad: la creencia.*
*Creencia e idea se usarán de forma sinónima a lo largo del texto. Lo sé, muy “british”.
II
Manada de híbridos
Una crítica es un ataque a una idea, desde otra idea. La batalla se desarrolla en un plano netamente intelectual. Esta primera pauta, si bien es sencilla, tiene un matiz delicado. Las ideas son creadas por el intelecto de la persona, y es necesario remarcar que son dos entidades diferentes. De forma natural la persona controla la idea; cotidianamente la idea controla a la persona. ¿Porqué? Porque la persona se identifica con su idea:
- ‘Yo soy alto/guapo/torpe/platónico/ateo/budista/consumista/tímido.’
Al unir la entidad “ideal” con la entidad “pensante” se produce una fusión entre la creación y el creador, entre el objeto y el sujeto. La persona pasa a ser la idea, y la idea se encarna (y arraiga al espíritu) de la persona. Por tanto, cuando el compuesto hibridado recibe una crítica a su idea de altitud/belleza/torpeza/platonismo/ateísmo/budismo/consumismo/timidez siente que el ataque ha sido material, i. e. a su persona, y por lo tanto se siente violentado.
Es claro y distinto que esto es una absoluta estupidez, por varias razones:
En primer lugar, todas las etiquetas ideales (entiéndase ideal en tanto que sustancia, o entidad) remiten y se fundamentan en el lenguaje, entidades simbólicas que pretenden representar una realidad, esto es: la cualidad de ser alto/bello/torpe/tímido/consumista, o el estado de creencia en los complejos simbólicos que componen el platonismo/ateísmo/budismo, en nuestro ejemplo.
En segundo lugar, si todas remiten al lenguaje, todas las ideas son refutables, por tanto relativas: todas las ideas son refutables por una persona cuyo dominio de la argumentación sea mayor que el propio, además de relativas porque exigen la comparación de sí mismas en relación a otras para existir, o lo que es lo mismo, son dependientes, y por tanto no relativas, absolutas ni universales. Nuestra frase ejemplo se podría transformar, consecuentemente, de la siguiente manera:
- ‘Yo puedo ser alto/guapo/torpe/tímido/platónico/ateo/budista/consumista porque tú puedes ser bajo/feo/listo/carismático/aristotélico/teísta/cristiano/alternativo.’
He adoptado una postura dualista para simplificar la exposición, por lo que de ello no se debería deducir que necesariamente haya un opuesto para todo compuesto (al estilo taoísta). En cualquier caso no afecta a la argumentación.
III
Baile de etiqueta
Llegamos felizmente al núcleo de la crítica: la estupidez de la identificación del sujeto con su idea, y la consecuente necesidad de reaccionar de forma violenta por la creación de un sentimiento de ofensa. Ofenderse por reconocer que el otro está esgrimiendo razones de porqué uno no es todas, o alguna, de las cualidades y creencias citadas anteriormente en los ejemplos es desplegar una ausencia total de criterio, aparte de un gusto horrible. La ofensa, aparte de una pose común, es, por tanto, una idea que funciona a modo de algodón* que prueba que existe un vínculo entre la persona y sus ideas, y las convierte en una sola sustancia, de lo que se deduce que esta persona cree poseer la verdad universal o (más común entre los intelectuales)que es una decisión meramente estética. Y es importante esta idea de la estética.
Al descubrir que las ideas se ostentan a modo de adorno en la misma relación que el tatuaje al cuerpo, podemos imaginar la reticencia por parte de los usuarios de borrarlo y sustituirlo (o dejar el cuerpo desnudo, pero esa es la clave del texto…). Empiristas, ateos, budistas, platónicos, guapos, altos, fuertes, tímidos… meras decisiones estéticas del buffet libre del lenguaje. Como apunte personal, y como dijo Don Juan (de Castaneda), nos creemos demasiado importantes: por eso nos creemos con el derecho a ofendernos.
Preferimos ser algo, en lugar de ser,a secas. Y ahora viene lo difícil…
*El algodón no engaña.
IV
Me ofendo, luego soy
Como hemos deducido por el recorrido, una idea es una perspectiva parcial; pero hay ideas más interesantes que otras (no en vano Platón estableció una jerarquía). Una de ellas, por ejemplo, es la idea de “ser”, que predicada de un sujeto pensante nos lleva a la autoconciencia de la existencia. ¿Significa esto que la existencia –‘yo soy’- también es refutable y relativa? (como decíamos en el apartado I) A nivel argumentativo sí es refutable. Se podría argumentar en contra del ‘yo’, del concepto de ‘existencia’, de las conclusiones derivadas de la proposición, entre otras cosas. En cuanto a la relatividad de la misma, podríamos decir que al no ser posible en ‘no ser’ (lo cuál suena paradójico) la existencia es necesaria. Pero, ¿hasta qué punto nuestra autoconciencia nos engaña? A fin de cuentas, corremos el riesgo de no existir si hemos decidido que las ideas son las fichas del juego del lenguaje.
La creencia en la existencia parece una excepción a la crítica realizada más arriba acerca de la no identificación del sujeto pensante con la idea pensada. Es decir, ¿qué pasaría si yo no me identificase con la idea de que existo? ¿Si ésta permaneciese separada de mí? A fin de cuentas (disparate aparte) si alguien nos dijese ‘no existes’, al margen de tildarlo de loco, pensaríamos (nótese el plural de modestia): ‘¿cómo no voy a existir, si para que me acuses de no existir tiene que haber algo que sea acusado de ello?’ (argumento cartesiano por excelencia).
Parece, entonces, que la idea de ser o existir* se apega al sujeto que la crea. Y de aquí podemos sacar dos senderos, que, querido lector, le invito a elegir y transitar:
1. El sujeto pensante no es lo que generalmente entendemos por persona. Esto nos lleva a pensar que no somos lo que creemos ser. Reuniendo los argumentos, llegamos a la conclusión de que un yo más real que lo que llamamos persona es idea, y ésta es soy. Esta conclusión apoya la tesis central del texto: la persona cree ser algo que no es, y se fabrica una armadura de etiquetas, con la que defenderse y atacar a otras armaduras igual de vacías de contenidos. Es algo así como que todos los radicales de un extremo, el otro, y los mixtos sois estúpidos.
2. Seguimos el argumento al pie de la letra y efectivamente aceptamos que identificarse con la idea es estúpido, por lo que las personas ni existen ni no existen, lo cuál es algo más complejo de aprehender: no hay canon, todo es ilusión; la creencia y la etiqueta son decisiones estéticas, y la persona es una “sustancia” que, en sí misma es el motor que fundamenta la realidad en la que vivimos, la comparte y establece consenso.
Y hay algo que me dice que ambas no son tan divergentes como aparentan…
*Nótese el uso de ser y existir como sinónimos, que es algo así como mezclar a Aristóteles y a Sartre… ¿quién será el pensante y quién lo pensado? Lo siento, me gustan los híbridos…
Á.
Nota: siento ser tan contradictorio; sé que dije que no escribiría Filosofía en este espacio, pero a diferencia de los buenos y santos, no soy coherente, ni consecuente. Prefiero bailar con Dionisio y extasiarme en las manos de sátiros y ménades mientras me embriago del néctar de los Dioses al ritmo de una frenética percusión que tomar el té al sonido de arpa con Apolo y su séquito de muchachitos afeminados. Metafóricamente hablando, supongo… Lo bueno de ser más Jónico que Dórico es que puedo elegir entre las dos, una o ninguna.
martes, 25 de diciembre de 2012
One A.M. Meditation
"Una piedra de buen tamaño, que relucía desnuda lavada por la lluvia, se hallaba en un lugar elevado, rodeada de flores de muchos colores, en el borde de un huerto que daba a un camino pedregoso. Después de mirar durante largo rato a las piedras del camino, sintió el deseo de dejarse caer entre ellas.
- “Qué hago yo aquí entre las plantas- se preguntó -. Debería de estar ahí abajo, con las de mi clase”.
De modo que rodó hasta el fondo del terraplén y se unió a las demás. Pero las ruedas de los carros, los cascos de los caballos y los pies de los minantes no tardaron en reducirla a un estado de continua aflicción. Todo pasaba por encima de ella o la golpeaba. A veces, al verse sucia de barro o de excrementos de animales, alzaba la vista un poco – en vano – hacia el lugar que había abandonado: aquel lugar de soledad y plácida felicidad.
Eso es lo que le seduce a todo aquel que decide abandonar la vida solitaria y contemplativa, para descender junto a gentes de infinita perversidad.”
Códice Atlanticus, Leonardo da Vinci.
Gradient of nonsense
‘Let me occupy your mind as you do mine…’
Empezar por el principio suena redundante, pero a veces, cuando nos vamos por las ramas y nos dejamos llevar por las afecciones del alma, perdemos las raíces del árbol con el que estamos creciendo.
Quizá el principio en este caso esté en el porqué de los textos de este espacio. Podría explicar que, al nunca ser más que un ensayo literario, i. e. un ejercicio de escritura, nunca le daré a ninguno de estos textos la categoría de tractatus filosófico. La buena filosofía se hace a la luz del sol, no alumbrado con el reflejo de la luna en la ventana, si bien todo tiene sus ventajas e inconvenientes. Es así como la teleología de estas palabras es, en primer lugar, servir de ejercicio catártico para su autor, una suerte de exorcismo personal, cuya condición de posibilidad es una siempre subyacente intención de que alguien concreto las lea e, idealmente, las entienda, y un nacimiento en la Oscuridad, por eso la mayoría son escritos a altas horas de la noche. En segundo lugar el telos del escrito es conseguir un efecto deseado sobre ciertas coordenadas de la Mente Universal, una vez habiendo sido asimilado el contenido.
Y es por eso que la claridad, en el sentido de coherencia con el ‘mundo cotidiano’, se me hace difícil, ya que la simbología que aquí se plasma peca de ser demasiado universal y personal a la vez. La exégesis ‘correcta’ de las mismas sólo debe hacerla la persona a la que el texto va dedicado; si bien, y precisamente por la ambigüedad de los símbolos y de la narración cientos de significados pueden ser atribuidos a cada uno de los pasajes, y es en ese laberinto de innumerables calles sin salida y decenas de criaturas de leyenda donde se esconde el autor, claro y transparente, como ningún espejo puede mostrar, desnudo de todo exceso más allá de la literalidad, publicando su intimidad y velándola después. Es por eso que es un ejercicio de catarsis, ya que los mensajes enviados a través de la palabra rara vez llegan a su destinatario, a no ser que las citas sean explícitas.
Así, ya tenemos el porqué y el para qué. El cómo se averigua en el ‘estilo’, deliberadamente oscuro, impreciso pero muy sensorial y cercano. Crear espacios íntimos de miríadas de momentos es la ‘especialidad’ de la casa. Quizá la soledad sea el último bastión que me protege de lo expuesta que queda mi alma cuando mi mirada se vierte sobre los tentadores espejismos de aquello que sólo está a mi alcance con los poderes de los diez qliphoth.
domingo, 2 de diciembre de 2012
Nightmare
Cuando abrí los ojos se me habría encogido el corazón si lo hubiese tenido. Los límites de mi ataúd parecieron encogerse a mi alrededor. Tomé aire e inspiré lentamente; aún sin necesitarlo, seguía aquietando mis pensamientos si le dedicaba la suficiente concentración. Levanté la tapa con una mano y me incorporé. Miré a mi alrededor y esa sensación volvió a recorrerme la espalda. No… no es posible, pensé para mí, pero era más que el susurro de una afirmación: era una súplica. Salí del lecho y me acerqué al balcón, a través del cual la luna decreciente brillaba con rostro de recién levantada, con el tono amarillento que adquiere en la noche temprana.
Oteé el horizonte y en la lejanía sólo vi infinitud, un vasto e interminable desierto que aislaba mi castillo de piedra del mundo de aquellos cuyos ojos sangrarían al contemplar con sus mentes un silencio que ni la tierra, el agua, el aire o el fuego osaban romper. O al menos no hasta ese momento. La situación se volvió incómoda y me pareció oír susurros de ecos que hacía mucho tiempo que no escuchaba. Ven… ven…
Tal vez me confundí al despertar. Puede que todavía quede algo parecido a un corazón en alguna parte del yermo que habito. O tal vez nunca llegué a despertar y esto no sea más que otro sueño.
* * *
La irrealidad del mundo sólo la perciben aquéllos que despiertan tras un largo letargo, para caer en la cuenta de que el camino no ha hecho más que comenzar. Aún así, ¿cómo emprender la marcha cuando se echa de menos la comodidad de las sábanas? El consuelo reside en entender que nunca es adiós, sino hasta luego.
D.
miércoles, 24 de octubre de 2012
Breathe
‘Cuando uno está enamorado, siempre comienza engañándose a sí mismo y termina engañando a otros. Eso es lo que el mundo llama amor.’
Con la primera inspiración el bebé pasa a formar parte del Mundo. Con la primera espiración llora con toda la fuerza que sus pequeños pulmones le permiten. Vuelve a inspirar, habiendo realizado su primera respiración completa, y ahora está vivo.
Siguiendo la secuencia, su historia se compondrá de miríadas de inadvertidas respiraciones que le secundarán cuando aprenda a distinguir entre él mismo y los otros, cuando aprenda a andar y a correr. Después aprenderá a controlarla, de forma que, administrándola, ésta le permita realizar sonidos con los que expresar aquello que está dentro, y le permitirá alcanzar aquello que está fuera. Y seguirá vivo.
Él no será consciente, pero habrá momentos en que su respiración se acelerará cuando corra, y llegará a jadear; la forzará cuando esté enfadado y le costará encontrarla cuando ría a carcajadas… y en su último ciclo, respirará una última vez más antes de partir.
* * *
Quizá no parecería desorbitado, siguiendo este pensamiento, deducir que hay una respiración para cada momento, y que ese futuro incierto que se abre ante nosotros se compone de aire que entra con la misma facilidad con la que se va, así como vienen y se van los instantes por eternos que nos parezcan. Respirar es vivir.
Pero… tal vez…
…no sean los momentos en los que respiramos aquellos en los que vivimos, sino aquellos en los que se nos olvidó hacerlo: cuando dos miradas se cruzan, cuando dos bocas se juntan por primera vez, cuando dos cuerpos se rozan furtivamente, cuando una mano busca a otra sin encontrarla, cuando la sorpresa se impone al sentido común… son todos momentos en los que el aliento desaparece y el entorno se congela, y el cuerpo deja de realizar la única función fisiológica sin la que no podría estar más de dos minutos… ese momento en que se decide morir por vivir.
Así, cuando vivimos, realmente deseamos morir, ya que al volver a respirar las miradas se bajan con miedo, las bocas se separan, los cuerpos se alejan y la mano vuelve sola a su dueño. Puede que la vida no sea más que una mentira si para vivirla con intensidad hemos de desear con mayor intensidad dejar de hacerlo.
Tal vez…
D.
miércoles, 29 de agosto de 2012
Elogio de la Locura
“Don’t try to live so wise, don’t cry ‘cause you’re so right, don’t dry with fakes or fears ‘cause you will hate yourself in the end…” (“No intentes vivir de forma tan sabia, no llores, porque tienes razón, no te seques con farsas o miedos, porque terminarás odiándote al final…”)
De todas las historias que podremos escuchar alguna vez en nuestro camino, suelen gustarme más aquellas de las que ya conozco el final. Y es que aunque lo oiga en versos pronunciados por otros protagonistas, el suicidio romántico siempre será mi forma favorita de inmortalizar la cumbre de la pasión, el non plus ultra de la experiencia sobre la teoría, musa de toda inspiración y belleza de aquello que se hace eterno por ser efímero.
Y es que encontrar que el objeto de contemplación y deleite no es más susurro que el arrullo de las hojas de otoño al caer, instante que viene y se va, transforma toda desazón por el paso del tiempo en todo un árbol de hojas caducas que se desnuda, instante tras instante, a la luz de la luna de verano con la esperanza puesta en la primavera, que traerá de nuevo la promesa del arrullo susurrante de una nueva hoja que volverá a caer y nos hará enloquecer.
¡Locura! ¡Dulce locura, que descorres los velos de aquello que no les está permitido mirar a quienes no cuentan con tus besos, néctar de toda vida, maná de la embriaguez de los sentidos del alma, tú que apartas los venenos y trampas del Espíritu de la Razón y abres los ojos a una forma de noche privilegiada en la que la luna está abajo mientras la disfrutamos del revés, protégenos de la envidia del sabio cuerdo y conviértelo en juglar de tu corte como nosotros lo somos de la suya!
Pues no es loco el que sufre la locura, sino aquél que necesita del loco para llamarle tal y reafirmarse a sí mismo como cuerdo, pues el loco jamás necesitará más espejo que sí mismo para ver reflejado el universo en toda su magnifica demencia devolviéndole la sonrisa. Y ahí, él, y sólo él, será capaz de reír.
D.
domingo, 19 de agosto de 2012
About Blue Eyes and Summer Sky
“¿Cuánto tiempo es para siempre? – preguntó Alicia…”
Solía pensarse especial. Cuando alguien le miraba a los ojos sabía cómo absorber al observador en un vórtice de incertidumbre, transformando cuanto hubiese alrededor en algo espaciotemporalmente difícil de acotar. El observador, atrapado, duda de la reacción y recurre al protocolo para salir de una situación incómoda, pero no le da tiempo. Él, en el momento adecuado, libera la presión y deja a su presa relajarse, mostrando una tímida sonrisa. Pero no acababa ahí. Porque cada vez que sonreía el abismo de su mirada se hacía más profundo. En esos momentos, el observador sólo veía a un muchacho sonriendo tímidamente con una mirada ligeramente distante, pero no se arriesgaría a volver a perderse en sus ojos. Con un ademán le quitaría tensión a una situación que no sabría etiquetar, y se limitaría a sonreír de vuelta y le restaría toda la importancia. A fin de cuentas, ¿cuánto dura una mirada?
Solía pensarse especial porque cuando se miraba en el espejo a los ojos el infinito le devolvía la mirada y le daba vértigo. No había encontrado ojos con aquella profundidad, ni sonrisas con señales que, a modo de miguitas de pan, llevasen al observador por los indescifrables secretos de una mente y un corazón que no encuentran reposo en lo temporal. En situaciones de este tipo, los pensamientos entran en una dinámica de vertiginosa velocidad que bloquean las respuestas conscientes y la vida del individuo se vuelve automática. Se esfuma la disciplina en una mecánica de respuestas en lata, de las que venden en los supermercados, reduciendo la conducta y sus consecuentes respuestas a un montón de palabras… palabras que deciden por él hacia dónde tiene que girar la mirada y cuándo tiene que sonreír para no romper la ilusión. Y es en esa miríada de miradas y sonrisas que duran fracciones de segundo en las que él encuentra ese para siempre de vértigo, de incertidumbre, tras unos ojos que esconden los restos de una batalla en la que los dos bandos comparten el mismo corazón.
* * *
El verdadero arte de crear a la persona reside en la capacidad de destruirla. La autodestrucción constante de lo poco que se pueda construir en algún que otro ratillo de aburrimiento previene al individuo de cualquier fanatismo, a la vez que lo incapacitan para una vida normal.
D.
sábado, 16 de junio de 2012
Midgard Traveller
El futuro es uno de esos demonios que se gestan en una sociedad que teme a la muerte. Este demonio, consciente de su poder, surca las tierras del Midgard a toda velocidad y arrasa el campo mental que atraviesa... dejando muerte a su paso. La muerte que trae, aún así, es ficticia. Porque sólo muere aquél que vive, y sólo vive el que reconoce la muerte...jueves, 14 de junio de 2012
Eden
Cuando me giré hacia el Árbol del Bien y del Mal el recelo se apoderó de mi mirada. Ahora la emoción sí comenzaba a surgir, y procuré mantener la calma. Inspirar, espirar. Al fin y al cabo, la Magia sólo funciona de esa forma. Me aproximé con cautela y a paso lento entre los montones de ceniza humeante. Me detuve a escasos centímetros y miré hacia arriba. El Árbol seguía tan frondoso y lleno de vitalidad como siempre, con una fuerza inmanente increíblemente poderosa. La emoción volvió a surgir. Ira. Edén estaba arrasado, muerto y abandonado, y el causante de las mayores desgracias que viví entre sus muros sigue intacto y rebosante de vida. Inspirar y espirar apenas funcionaba. La cara me ardía. Me obligué a mi mismo a sentarme y a cerrar los ojos. Y así, de espaldas al árbol, medité acerca de lo que debería hacer ahora. Ahora... ahora que Edén estaba sembrado de vileza y soledad, vacío, y con los dragones fuera de sus muros.
miércoles, 2 de mayo de 2012
Witch Hunter
jueves, 26 de abril de 2012
Moon Fairy's Lake
Corría entre los árboles para despejar la mente; al fin y al cabo, era lo único que nos mantenía vivos a aquellos que eran como yo. El Señor de los Doce Templos se había apoderado del Reino con una magia tan poderosa como oscura, y sobre las almas de los alewaeianos había caído un manto de pesar, negro como la noche. Era extraño oírme hacer esas comparaciones... al fin y al cabo, mucho antes de la muerte de la Reina, nuestros mayores nos enseñaron que para que haya luz, ha de haber tinieblas; que para ver sonreír a las flores teníamos que entender que las lágrimas del cielo eran necesarias. De alguna forma, respetábamos nuestro mundo y nos sentíamos vivos en cada sensación. Y la noche era una de esas sensaciones que pude haber llamado "preferida", ya que eran en las que mi amiga Emerald y yo nos escapábamos a la luz de las estrellas para correr con las hadas de la luna, como las llamaban los lugareños que vivían en los alrededores de la Academia. Nosotros las estudiamos como féricos nocturnos, pero nos gustaba cómo sonaba su nombre lejos de los círculos académicos. Las Hadas de la Noche solían habitar un estanque, muy cerca de donde vivíamos, y en las noches de luna llena brillaban en un tono azulado y pálido y bailaban sobre el espejo negro que era la superficie del agua. No estoy seguro de si tenían boca para hablar, o tan siquiera para sonreír, pero Emerald me decía que podía oírlas cantar... Llamábamos a nuestro lugar secreto el "Lago de la Luna", cuando no era mucho más que un charco grande...
martes, 27 de marzo de 2012
Ostara Midnight





