domingo, 20 de noviembre de 2011

Fire to the Rain

“I set fire to the rain, and I threw us into the flames. When we fell, something died, cause I knew that that was the last time, the last time…”

Y era la sensación de que, a pesar de estar bajo una de las lluvias más bonitas que mi alma pudiera contemplar a través de sus cinco ventanas, no había nada más allá de ese vacío que nacía en alguna parte de mi mismo y que desde hacía algún tiempo me acompañaba; esa sensación se extendía por toda la procesión. Por un momento me extrañé de la situación, y mi mente se alejó de la escena. ¿Porqué había personas llorando? ¿Hacia dónde van?…

El clima era frío, y el ambiente era gris y triste. El atípico desfile parecía ir acompañado de una voz invisible que cantaba un requiem entre los invitados al mismo. Éste se filtraba entre lamentos y se ensalzaba con los llantos y las plegarias, y se alzaba en aquél cielo poblado de nubes negras, que también lloraba. Un ataúd presidía la escena. Mi ensoñación se vio turbada por una oleada de familiaridad, y un húmedo escalofrío me recorrió la espalda. El vacío se manifestaba en mi rostro y comencé a tener la incomodidad de sentirme demasiado rodeado de personas, que, por otra parte, parecían esperar alguna reacción por mi parte. Me comencé a agobiar, y se mezcló con el vacío. Mis ojos se perdieron en el infinito y el ataúd pasó a formar parte de mi único y personal cosmos. Alrededor no había más procesión y sólo los elementales del agua de la lluvia, la tierra húmeda bajo mis botas, el viento que ondeaba mi despeinado cabello, y el fuego de las antorchas acompañaban ese momento de eternidad, como los únicos lo bastante impersonales como para perdonarles que no comprendieran un ápice de lo que yo estaba viviendo…

Y no fueron mis ojos los que lloraron. Fue mi alma la que, con un desgarrador lamento, puso fin a mi tortura e incendió la lluvia a mi alrededor hasta su mismísima génesis y, durante un solo instante en aquél tardío atardecer, el cielo se tiñó del color de la sangre, una sangre que emanaba de un hueco donde, tiempo ha, estuvo algo que llaman corazón.

D.

Doña_Juana_-la_Loca-_(Pradilla)

martes, 15 de noviembre de 2011

Symphony of the Night

De alguna forma la noche olía a otoño. Ciertamente las calles estaban algo vacías, pero tenían ese encanto que sólo pueden tener las noches de entre semana, en las que la ciudad duerme a la espera de la rutina diurna, tan segura y asumida que ni la ficción de la muerte puede arañar con su lejano susurro (“a mi eso, nunca”, supongo que pensarán). Naturalmente, la magia de los pequeños detalles no sólo se manifiesta cuando la luna se alza sobre tejados llenos de gatos que le cantan con la nostalgia de un niño que creció demasiado tarde, sino que está presente a lo largo de toda la jornada, solo que de noche es más fácil recrearse en ellos sin que te molesten demasiado.

Te detienes e intentas escuchar la melodía de las sombras que los espíritus errantes, tan ilusorios como las mismas estrellas que de alguna forma existen más allá de la contaminación,  interpretan cual banda de músicos callejeros sin más aspiración que la condena de repetir sus temas en partituras mojadas a modo de pena por atreverse a sentir algo más allá de lo establecido. Es más, de alguna forma pasas a ser parte de esa aurora de almas sin cuerpo que devienen en una infinita espiral de melancolía underground, buscando de entre los mortales a aquellos músicos que, al igual que ellos, se atrevieron a sentir en algún momento, y que por ello son capaces de oírles entre los ruidos de los coches. Esta noche necesitan en su banda de ultratumba algún que otro instrumento de más para completar sus lúgubres sinfonías, así que me decidí a cantar con ellos.

Una vez más el aire se teñía de gris y azul. ¿Frío? Sí, quizás, pero de alguna forma el espíritu de uno es capaz de sentirse más vivo entre muertos que entre la muchedumbre dormida. Dormir… soñar… como dije una vez (o igual no lo dije y sólo lo pensé) ¿que mejor estado de vigilia, que en el que sabes que estás dormido?

D.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Noise

Todo suena demasiado fuerte. Mis oídos no aguantan la presión. Ni el prrrrrrr de los coches, el piiiiii de sus bocinas, el waaaaargh de los vecinos chillando, el ffffffff de mi ordenador, ni el clak, clak, clak de las teclas. La habitación está más triste de lo normal. El aire no se mueve ni para ceder paso a mis dedos tecleando. Me pongo la capucha y miro mi reflejo por encima de la pantalla, casi con pereza, como si me diera corte que el que me devuelve la mirada afligida; el encapuchado arquea las cejas… sabe lo que pienso y siento. Sabe todo lo que yo sé, y hasta diría que más. Sujeta la púa de mi guitarra con los dientes y la cambia de sitio: eso también hace demasiado ruido. Es algo así como un tec, tec, tec.

Paro de teclear y abro una de las carpetas del PC, buscando música… algo debe de haber que no haga tanto ruido. Comienza a sonar un piano que interpreta algo suave en tonalidad menor. Por encima se asoma tímidamente una vocecilla femenina. Apenas está cantando. Es más como un susurro afinado. La melodía crece ligeramente y se mantiene, para volver a caer. Ahora estribillo; parece que la chica es tímida… apenas se atreve a cantar. Esta canción tiene demasiado sentimiento… Segunda estrofa y alza la voz. Parece que ha cogido confianza… habla de algo relacionado con besos… besos… ¿qué son los besos? ¿qué significan? La chica comienza a alzar la voz y parece que apenas le cuesta no llorar; su última nota es un falsetto a capella.

¿Puede acaso surgir la pasión de otra forma que no sea el conflicto? En cuanto al amor… quizá en otro momento disertaré sobre el amor…

D.

martes, 8 de noviembre de 2011

1, 2, 3… Music!

Nota, acorde y arpegio… dúo en G, púa y algo de bluesclásico capricce a base de cuerda y arco… y cantamos un poquito de soul… Y así comienza el chun, chun, pá de la semana.

La canción comienza, las luces se apagan, el público aguanta la respiración… una nota incrementa la tensión: es tan sólo un punto en el espacio infinito, pero infinitamente más colorido que el más vivo de los colores… arpegio arriba… arpegio abajo… y los cuerpos comienzan a vibrar con la emoción; es el momento de la encarnación de Apolo.

El arte es la capacidad de la Voluntad para manifestarse y crear… así que, ¿porqué no usarla?

D.

lunes, 31 de octubre de 2011

Insomniac

“In this farewell there’s no blood…”

Yo y mis dilemas, mis dilemas y yo… a la mierda con todo, después de lo que me acaba de pasar más me valdría morirme y no resucitar hasta mañana por la mañana a las siete. ¿Te imaginas estar tranquilamente en tu cama y que de repente mires a tu izquierda y…? Uhm… Bah, si, total, tampoco quedaría creíble simplemente por haber sido escrito en este blog.

¿Que cómo me siento? Me siento con unas ganas de cantar que lo más probable es que como no reviente mis tímpanos con Bullet for my Valentine e imagine que ya domino el screamo mi cabeza va a implosionar de la misma forma que un cuaderno implosiona cuando escribes con un boli mágico la raíz de menos uno. A estas alturas quedaría redundante remarcar que me estoy volviendo loco, por el hecho de ser anormal… lo que no recuerdo es la palabra que usó este chico el otro día… en cualquier caso, me vale con Sum 41 y Linkin Park para relajarme.

Es curioso la cantidad de veces que me han repetido la frase “¿Filosofía? Te pega.” ¿Se puede saber a qué tipo de persona le “pega” la Filosofía? Hasta donde sé soy de ese sector de personas que, dentro de lo anormal, y últimamente de lo “subnormal”, se comportan con cierta decencia y dignidad. Que progresivamente iré perdiendo a medida que las experiencias ontológicas y estéticas en los atardeceres preinvernales se repitan a sí mismas hasta que la obviedad salte a la vista y yo me haga el harakiri. Y sí, he escrito “harakiri”, y no “seppuku”. Y no, no me estoy quejando. Necesito desahogarme para no matar a los niños del vecino que parece que esta noche de Halowe’en se han propuesto martirizarme y no dejarme dormir.

¿Cosas buenas de mi vida? Que tengo una mente como una catedral.

¿Cosas malas? Que tengo una mente como una catedral.

Creo que acabo de decidir sobre la marcha que no eres más que otro de mis caprichos, y así se va a zanjar la historia (y suponiendo que el lenguaje cuántico fuera computable y legible, aquellos que están leyendo estas líneas leerían a la vez un “duerme conmigo, por favor, sólo una noche más” para darse cuenta de la inmensidad del espacio circundante a la parcela que ocupa mi mente, y lo jodida y estúpidamente absurdas que resultan TODAS y CADA UNA de las convenciones humanas que nos rodean, con sus normas, sus banderas, sus colores, y sus etiquetas. Odio las etiquetas, y mira que era difícil que yo odiara algo. ).

¿Porqué tantas etiquetas? ¿Porqué no liberarse de tanta historia? Dios… ¿Has pensado alguna vez en cuánto puedes llegar a gritar sin emitir sonido?

Pero, ¿sabes qué? Tampoco me vas a leer. Y aunque lo hicieras nunca sabrías que escribo para ti. Así que simplemente voy a añadir un “y desperté en ese momento con el sabor agridulce que produce la vuelta a la realidad con la sensación de haber vivido un rato que, si bien fue agradable, no quedó en mucho más que el vaho de un suspiro que se pierde en la inmensidad del invierno”.

D.

martes, 25 de octubre de 2011

So long goodbye…

“Hold me now, cuz I couldn’t even if I tried… I don’t wanna go, but it’s time I gotta say goodbye.

Mi corazón se detuvo un instante y las lágrimas se congelaron en cuanto rozaron el aire, aún haciendo más frío dentro de mi que fuera. Un leve suspiro puso en marcha mi sistema respiratorio y el aire, como agujas de cristal, salió en una desgarradora pero silenciosa sinfonía en forma de vaho. Caí al suelo. No hallaba consuelo en el vacío de respirar, no tenía sentido; y cada vez que intentaba refugiarme en mi propia alma sentía que caía y caía, como en un pozo sin fondo, oscuro y frío.

El pasado era añicos de un momento interminable, en el que todo se torna en nada porque no estás. Tantas cosas que decir, que esperar, que vivir… vivir… ¿acaso terminamos de darnos cuenta de qué es vivir? ¿acaso tú llegaste a darte cuenta? Y ¿porqué todo se sigue moviendo? ¿porqué todo se mueve sin ti? Sonrisas y abrazos que dejan el devenir y Dios sabe adónde te lleva esa estrella que te alejó de mi, que se llevó la luz que siempre tuviste por mirada.

¿Cómo describir una sensación que atraviesa el alma cuando al mirar a tu alrededor te das cuenta de que ni siquiera encuentras la tuya propia?

Y… aún así… de alguna forma… estás…

Estás en mi. En mi mente. En mis emociones. En mi corazón y en mi propia alma que aún cantando el requiem más triste que oídos jamás escucharon, me aseguran que, en algún lugar seguirás oyéndome reír y te alegrarás al verme sonreír. Que no hubo un “adiós”, que fue solo un “hasta luego”.

Para las señoritas Fernández, de un amigo que sabe que cuando sonríes pensando en alguien, ese alguien, esté donde esté, sonreirá pensando en ti.

D.

Umbreon’s Dream

“Like you wanna touch, you wanna taste… show me where to meet you on the late night, till daylight… got me thinking ‘bout all thing’s I’d do to you… why don’t you come over here?”

Y si vuelve a sonar lo vuelvo a pensar, como cada noche antes de irme a dormir. Aunque si este sueño fuera real y no un mero capricho, trascendería el espacio y el tiempo y el dormir volvería a tener sentido. Extrañamente, al tener cada vez menos sentido, tiene cada vez más sentimiento... Pero esta vez era una vez extraña… ésta vez el sueño era voluntario… y simplemente porque el mundo volvía a cambiar, y no sólo mi percepción de él, el ojo de Dios se posaba en aquello que mi voluntad deseaba...

Y encima ahora cualquier momento merece canción. Eso es lo bueno de todo. Que ahora hay una canción para cada momento, y todos los momentos merecen una canción que cantar a pleno pulmón en el metro ante la extraña mirada de los durmientes…. pero, oye… ¡que dormido tampoco se está tan mal!

Pues, ¿qué mejor vigilia que en la que sabes que estás soñando?

If me want, will me want always more?

D.